Textos:
De la redacción de Croquizar. Decir mucho, en pocas líneas
En base a fuentes libres citadas en el artículo

“Si los edificios hablan, deben tener libertad de expresión. Si la arquitectura va a sobrevivir en la conciencia humana, entonces las cosas que los edificios pueden decir, ya sean nostálgicas o sabias o poderosas o suaves o heréticas o tonto, tienen que responder a la amplia gama de sentimientos humanos”  C. Moore

…Charles Moore, junto con Robert Venturi y Denise Scott Brown, junto a otros discípulos de Kahn, constituyeron una grupo generacional de arquitectos que, con sus ideas y visión de la edificación, influenciaron la arquitectura americana y mundial de los años 70 y 80. El estilo de Moore, definido en multitud de ocasiones como caprichoso, estrafalario, “de granja” (a veces también como misterioso, decorativo y teatral) está sin embargo fundamentado sobre una sólida base argumental que se apoya en un gran conocimiento y admiración por la arquitectura de las civilizaciones del pasado y de sus valores estilísticos. Donde el papel del arquitecto debe dirigirse a la creación de lugares, y no perseguir la construcción de edificios a partir de ideas o esquemas abstractos que lo único que consiguen es la satisfacción de obsesiones personales del propio arquitecto.

Las ideas de Charles Moore, al igual que las de sus compañeros de generación, protagonizaron la mayor cruzada, ofensiva y bofetada contra el Movimiento Moderno imperante. Un movimiento arquitectónico donde el protagonista indiscutible era el propio ego de los distintos arquitectos que lo integraban. Y debido a lo cual, las formas puras, escultóricas u ortogonales, tenían un valor en si mismas, en detrimento del denominado “dominio étnico”. Para Moore y sus colegas, por el contrario la creación arquitectónica implicaba la apropiación de una parte de la Tierra, lo que necesariamente integraba la denominada (por el arquitecto) “Solución Específica”. Un concepto que, comenzando por el lugar, ponga en valor sus cualidades y cubra las necesidades auténticas del usuario.

A partir del proyecto para la Piazza d’Italia en Nueva Orleans, una de sus obras más conocidas, donde el autor crea una obra llena de ironía y donde la arquitectura clásica parece fundirse con el ambiente de fiesta de un musical de Broadway, se produce un cambio sustancial en su manera de trabajar.

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La Piazza d’Italia constituye una de las más audaces piezas de la posmodernidad. Diseñada por Charles W. Moore, era una especie de reconstrucción de los prototipos de piazza pasada por el tamiz de la ideología que planteaba Aprendiendo de Las Vegas, ensayo en el cual Venturi hacía un elogio de la estética arquitectónica de esta ciudad, afirmando que los coloridos anuncios callejeros situados ante los casinos eran una forma de expresión nativa y autóctona de la gente corriente y la cultura popular estadounidense.

Desde esta sensibilidad, como un homenaje para exaltar la importante presencia de los italianos en Nueva Orleáns y basándose en los tópicos de lo que significaba para el habitante de la América profunda «lo italiano», Moore creó una escenografía situando una fuente en un área circular central, envuelta por una serie de círculos concéntricos de ladrillo y masonería en blanco y negro, formada de un relieve de la silueta del mapa de Italia.

En torno a ella, situó varias fachadas vivamente coloreadas, cada una de las cuales representaba los cinco órdenes clásicos: dórico, jónico, corintio, toscano y compuesto, y una sexta, que el arquitecto bautizó como «el orden Delicatessen».

Cromatismo delirante, escalas distorsionadas, extravagantes combinaciones de materiales (plástico, neón, baldosas de platino, acero inoxidable…), capiteles jónicos hechos de acero inoxidable y arcos marcados en neón, hojas de acanto hechas de agua gaseosa, la efigie del arquitecto lanzando agua por su boca… Una evidencia de cómo Moore creía en el espectáculo, en lo festivo, los diseños estridentes, las combinaciones de colores capaces de dañar la vista, la colisión de estilos estilísticos excesivos, las alusiones a lo esotérico… y concebía la arquitectura desde su capacidad para generar estímulos sensoriales en el usuario planteados y vividos desde una plena libertad intelectual.

Más de la mitad de la plaza circular es un patrón radiante de adoquines y bandas de adoquines de granito, haciendo referencia a una plaza italiana. La sección oriental comprende referencias arquitectónicas al Foro Romano: Columnas estucadas y de colores vibrantes en amarillo, ocre y rojo representan las cinco órdenes clásicas (más la “orden de delicatessen” inventada por Moore); las puertas arqueadas proporcionan el acceso a una etapa empotrada flanqueada por las paredes adornadas con la escritura latina y la cara de Moore en cartouches gemelos; y la Cascada de la Fuente de San José en forma de Italia incluye contornos y ríos iluminados por luces fluorescentes. En el extremo sur en un campanario de múltiples pisos, con forma de caja, una puerta cerrada en el eje con Commerce Street proporciona acceso a la plaza de la calle Lafayette adyacente.

Programa: Plaza publica
Ubicación: New Orleans – EE.UU.
Autores: Charles Moore
Fecha: 1978

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Fotografía

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